Tal como ha ocurrido en tiempos pasados, existen asuntos que por múltiples razones no son incluidos en las grandes agendas de nuestra sociedad. Ya sea por ir en contra del orden establecido o por ser funcional a las dinámicas del poder, esos asuntos quedan postergados e incluso son perseguidos, lo que ha desencadenado épocas oscuras en nuestra breve historia como especie humana.

Muchas discriminaciones y polarizaciones han sido establecidas para generar un orden, en distintas dimensiones: bien/mal, sagrado/profano, sano/enfermo, útil/inútil. Todas estas segregaciones hacen ciertos saberes más difundidos que otros; generalmente se opta por lo aparentemente simple y fácil de entender, descartando lo potencialmente dañino o lo que no pareciera estar muy claro. Esto suele ocurrir frecuentemente en nuestros días, en donde la productividad y eficiencia se vuelven fundamentales y por ende se desecha lo que quita tiempo, lo que "no sirve".

Apelando a lo anterior, se suele considerar que las tareas que más se prestan a la ociosidad son las que no están muy claras (como, por ejemplo, “encontrar la belleza”, “conocer la verdad” o “buscar la perfección”): se sabe que Picasso se rascaba la barriga, que las dos actividades básicas de los teóricos físicos de Copenhague que fundaron la física cuántica eran jugar ping-pong y subir los pies sobre el escritorio, y que los padres de la Ilustración, como Diderot y D’Alembert, lo que más concienzudamente hicieron durante sus vidas fue tomar café, pero nunca se les olvidó para qué lo hacían, porque la ociosidad no pierde el rumbo y porque su quehacer deja de estar impuesto desde afuera y se convierte en un trabajo íntimo, que brota como de sí mismo, como necesidad. Desde esta perspectiva, el ocio es el trabajo elevado a su más fina expresión. Lo que se logra mediante la ociosidad es maravilloso, y lo que no se logra, maravilloso también es.

A partir de lo que no tiene sentido podemos obtener indicios de la actualidad de alguna disciplina, de nuestra sociedad, de una persona. Lo anecdótico, lo ocioso, lo intrascendente y lo blasfemo pueden darnos visiones panorámicas y complejas de alguna cosa en particular, y de esta forma, el estudio de lo inútil (aunque suene paradójico) puede ser de mucha utilidad, aunque requiere de otros métodos y lecturas para que el conocimiento generado desde esta perspectiva pueda adquirir un sentido hacia esa dirección.

En la comprensión de lo "no importante" no parece recomendable seguir los mismos códigos de lo "importante". En ese sentido, lo Inútil debe tener sus propias claves de comprensión, y en ese sentido se tiene un análisis complejo de la situación, ya que en la búsqueda de estas claves se enmarca el futuro de esta incipiente "No-Disciplina". Cuando hablamos de estudiar lo inútil y generar conocimiento a partir de lo inútil, lo que estamos "diciendo más allá de lo dicho" es algo de carácter eminentemente paradójico, a lo cual se hace difícil de leer en un sentido estricto. Producir a partir de lo improductivo y hallarle lo utilidad a lo inútil son tareas que definitivamente siembran confusión si analizamos aquello desde el prisma del conocimiento científico-racional.

De esta forma, son otras lógicas las que operan en la comprensión de lo inútil: el sentido figurado y lo complejamente simbólico del asunto pueden remitir a la poesía, al arte en general y también a técnicas humorísticas; al uso de la ironía y del sarcasmo, en el sentido de que en "lo que a nadie le interesa" hay numerosas lecturas ocultas, y la misión de estudiar lo inútil es hallar esas lecturas y analizarlas para obtener un punto de vista distinto de las cosas. Y también se puede decir que así como en el estudio de lo "importante" impera la racionalidad y la lógica, en el estudio de lo "no importante" es el imperio de los afectos, del uso de lógicas distintas a comúnmente entendido como "Lógica", lo paradójico, incluso lo mágico: la visibilización y exposición de las múltiples limitaciones del ser humano.

El uso de estas lógicas "alternativas", sin embargo, no significa que lo entendido como "Estudios Inútiles" sea un batiburillo incomprensible de caprichos varios producidos por mentes delirantes. Como toda arte también implica el conocimiento de una técnica, el estudio de lo inútil también implicará un rigor, un método, una forma comprensible de abordar lo paradójico, que dé resultados que si bien pueden ser conflictivos, siempre sean sorprendentes en el sentido rupturista en cuanto a la generación de un punto de vista distinto.

Ese rigor sin duda no sigue las lógicas de lo "disciplinario", sino que apela a la propia sensibilidad de quien investigue lo inútil; a sus afectos, a sus vivencias, a sus carencias, a su deseo personal. El investigador de lo inútil entonces se convierte en una especie de artista-científico: es un filósofo que disfruta del festín de la reflexión ociosa pero al mismo tiempo un científico que a través de un método (el que afectivamente le hace más sentido) se embarca en la rigurosa búsqueda del conocimiento, entendiéndolo como belleza, no como verdad.

A modo de palabras finales, queda entonces abierta la invitación a repensar las cosas desde lo inútil. La generación de nuevas perspectivas de comprensión de los más variados asuntos siempre es provechoso para expandir los límites del saber y avanzar hacia la construcción de una sociedad más inclusiva y evolucionada. Por eso es que lo irrelevante y el sin sentido nunca fueron negaciones ni ausencias, sino que otras afirmaciones, otras presencias. La lógica de las negaciones, del sí/no, está desfasada. Hace falta comprender que muchas de esas polaridades no son antagonismos, sino dos perspectivas distintas que se potencian la una de la otra. Visibilizar aquello es belleza que la sociedad necesita para ser mejor. Y en este sentido, la siguiente frase adquiere sentido:

"La real y más grande experiencia de la vida y del éxtasis surge del hacer lo inútil. Surge a través de la poesía, de la pintura, del amor, de la meditación. La mayor alegría te colma sólo cuando eres capaz de hacer algo que no puede reducirse a una mercadería. Es un movimiento hacia adentro, intrínseco, surge de la actividad". 
(Chandra Mohan Jain - Osho)

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Entonces...

Entonces, lo que pretende este Centro es producir conocimiento académico y promover creaciones originales a partir de la aproximación a los Estudios Inútiles, entendiéndolos como un tipo de conocimiento poco deseable para el poder establecido: el conocimiento que a nadie le interesa y que no tiene utilidad práctica alguna, disfuncional, rebelde y sin causa, pero feliz de no tenerla.

De esta forma, la invitación a participar del desarrollo del Centro siempre tendrá vigencia. Recibiremos con brazos abiertos los entusiastas aportes de personas que con su participación demostrarán una auténtica pasión por lo inútil. En esta sociedad, donde las dinámicas del poder separan lo útil de lo inútil cual paja del trigo, el estudio de lo inútil surge como el contra-poder, la paja que cimenta las bases del giro hacia una sociedad más evolucionada y respetuosa de la diversidad.